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Reino Unido infectará a personas sanas con SARS-CoV-2, para probar eficacia de vacunas y tratamientos

El Reino Unido tiene previsto llevar a cabo un estudio de desafío humano, que consiste en infectar a personas sanas con un virus, para conocer la eficacia de las vacunas y tratamientos experimentales.

El Reino Unido anunció hoy que realizará un estudio para exponer a personas sanas al SARS-CoV-2. Será el primer país que realice un ensayo de estas características.

Hasta noventa jóvenes sanos, entre los 18 y los 30 años, serán infectados con el nuevo coronavirus en un entorno controlado, con la intención de medir la eficacia de tratamientos y hasta tres vacunas experimentales.

Las pruebas se realizarán en el Royal Free Hospital de Londres, dentro de una sala con nivel 3 de bioseguridad, equipada con filtros para que el aire contenido no escape y las personas del entorno no estén en riesgo. Para ello destinará un presupuesto de 37 millones de euros.

Las pruebas serán encabezadas por hVIVO, una empresa de investigación médica -filial de la irlandesa Open Orphan- que se especializa en ensayos de exposición humana, en asociación con el Imperial College London.

Estos estudios, que se conocen como de “desafío humano”, servirán para que las vacunas experimentales más prometedoras puedan pasar a la fase tres de los ensayos. También, para conocer si las vacunas más avanzadas pueden prevenir la transmisión del virus  y la enfermedad conocida como Covid-19.

Además, observarán cuál es la dosis mínima del virus para que una persona acabe infectada, por lo que harán un seguimiento muy riguroso, en el entendido de que a mayor carga viral, mayor es la posibilidad de que se agrave la condición de una persona enferma.

A diferencia de los ensayos en fase tres, donde las personas realizan sus actividades cotidianas tras recibir la vacuna experimental y así exponerse al virus de forma natural, en los estudios de desafío humano se les mantiene en observación y el virus se les inocula deliberadamente.

Así, se garantiza la exposición al virus y su control. Se puede ver con exactitud cuál es la reacción del cuerpo al infectarse con el SARS-CoV-2.

Está previsto que los ensayos comiencen en enero, si se logra que la Agencia Reguladora de Medicamentos y Terapias británica los autorice, para lo que ya ha establecido una comisión ética que revise cualquier impugnación al respecto. Los resultados se podrían conocer a partir de mayo del próximo año.

Este tipo de ensayos no son nuevos. En el siglo XVIII el científico Edward Jenner expuso al hijo de ocho años de su jardinero a un virus, para comprobar la eficacia de una vacuna experimental.

No obstante, en este caso se corren muchos riesgos, al tratarse de un virus para el que todavía no existe un tratamiento verdaderamente eficaz; si bien la Organización Mundial de la Salud ha señalado que la dexametasona es el único fármaco que ha mostrado efectividad en casos graves.

Lo natural en este tipo de ensayos es que se ofrezca una buena compensación económica a los participantes por poner en riesgo su salud. El pago medio suele superar los cuatro mil euros, aunque no se tienen noticias del monto que recibirán quienes participen en los ensayos que tiene previsto llevar a cabo el Reino Unido.

 

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El triunfo de las mascarillas y de la ciencia sobre Trump

Donald Trump no ha tenido nunca una metamorfosis como la que ha vivido estos días. Esta semana, ha pasado de ser el símbolo de la desinformación, el negacionismo y las ideas absurdas sobre la pandemia a convertirse en ejemplo viviente de lo que ocurre cuando niegas la realidad en una emergencia sanitaria de estas dimensiones. La diferencia con todos nosotros es que los comportamientos estúpidos pueden poner en peligro nuestra vida y la de unas pocas personas de nuestro círculo más cercano, mientras lo que ha dicho y hecho Trump ha influido en millones de personas en su país.

Hay pocos ejemplos más claros que los relacionados con el uso de la mascarilla. Durante meses, Trump se negó a llevar una mascarilla en público. En las ruedas de prensa, dijo que no le gustaba y desdeñó su importancia. El CDC norteamericano –el mayor organismo científico de EEUU sobre enfermedades infecciosas– lo recomendaba sin que eso afectara a su decisión personal. «Es voluntario. No tienes que ponértela. Lo sugieren para un cierto periodo de tiempo, pero es voluntario. No creo que yo vaya a ponérmela», dijo el 3 de abril.

Dentro de la Casa Blanca, a los pocos miembros del personal de confianza que llevaban mascarilla en las reuniones con el presidente en primavera se les decía que se deshicieran de ella. Según The New York Times, todas las personas que trabajaban allí sabían que Trump lo consideraba una muestra de debilidad. «Te miraban mal si te veían pasar con mascarilla», dijo al periódico Olivia Troye, una asesora del comité del coronavirus que trabajó allí hasta agosto.

Trump se ha burlado en más de una ocasión del candidato demócrata, Joe Biden, por llevar mascarilla o por pasar aislado el mayor tiempo posible en su domicilio. En el debate con Biden de este martes volvió a hacerlo: «Cada vez que lo ves, lleva puesta la mascarilla. Aunque esté hablando a una distancia de 70 metros, aparece con la mascarilla más grande que yo haya visto nunca». Para negar que esté en contra de su uso, sacó una del bolsillo y se limitó a decir: «Me pongo una mascarilla cuando creo que lo necesito». Eso ha ocurrido pocas veces, ni siquiera cuando asiste a actos en un espacio interior en el que está rodeado por otras personas.

Se la puso en mayo en una visita a una fábrica de Ford, aparentemente por primera vez, pero en una zona en la que no había cámaras ni por tanto imágenes. Como los periodistas le preguntaban con frecuencia por ello, se lo tomó como algo personal. No les iba a dar la satisfacción de verle con una.

Hubo que esperar al 20 de julio para que tuiteara una foto suya con máscara. Sus asesores le dijeron que las encuestas revelaban el rechazo de la opinión pública a su posición sobre la protección personal ante el coronavirus. «Mucha gente dice que es algo patriótico llevar una máscara cuando no puedes mantener la distancia social», escribió, con lo que se refería a la opinión de otras personas, no a la suya ni a la de los consejeros científicos de la Casa Blanca. Sin embargo, no se la puso en los numerosos actos públicos posteriores a los que asistió.

En septiembre, el director del CDC afirmó que la mascarilla aún sería más efectiva contra el riesgo de contagio que la vacuna cuando se consiga para aquellas personas que no terminen de desarrollar inmunidad ante la enfermedad. Trump le desmintió. Dijo que Robert Redfield estaba equivocado, que las mascarillas «probablemente» eran una ayuda y que suponían «un problema» para algunas personas.

El 7 de septiembre, reclamó a un periodista de Reuters que se la quitara porque no le entendía bien. El reportero se negó y le dijo que hablaría más alto. Trump siguió burlándose de él.

La actitud de Trump ha tenido una influencia evidente en la conducta de muchos de sus votantes, en especial los hombres. Según una encuesta de Gallup en julio, el 44% de los norteamericanos usa mascarilla siempre que está fuera de su casa y un 28% con mucha frecuencia. El 11%, a veces. El 16% raramente o nunca. Estos últimos porcentajes son mayores en el caso de los votantes republicanos. El 36% de estos no la usa nunca o pocas veces. El 18%, a veces. El 54% de las mujeres la lleva siempre. En el caso de los hombres, son sólo el 34%.

La mascarilla, o cualquier trozo de tela para tapar las vías respiratorias, es un mecanismo de protección que se ha empleado en las pandemias a lo largo de siglos. Los científicos recuerdan constantemente que no puede servir como una excusa para relajarse y no respetar la distancia, y dicen que son fundamentalmente una forma de proteger a los demás. Muchos votantes masculinos de Trump las describen como una forma de interferir en sus libertades o que no necesitan que el Gobierno les diga cómo deben protegerse. En ese discurso, siempre está ausente la idea de lo que ellos pueden hacer por los demás.

Los gobernadores y congresistas republicanos eran muy conscientes de la opinión de estos votantes. Hubo que esperar a finales de junio para que se decidieran a hablar en público de forma decidida en favor del uso de mascarillas.

«Los habitantes de los llamados estados rojos (por el color del Partido Republicano) no tienen superpoderes ni son inmunes al Covid-19″, dijo en esas fechas a The Washington Post el expresidente del Comité Nacional Republicano, Michael Steele, muy crítico con la postura de los dirigentes de su partido. «Por eso era imprescindible que el presidente asumiera el liderazgo en esto, que no desdeñara a los científicos, que no criticara a los doctor Fauci de todo el mundo. Y ahora Fox News dice que el presidente debería dar ejemplo y llevar mascarilla. ¿En serio? ¿Ahora? ¿Después de 120.000 muertos? ¿Después de tener más de un millón de contagiados?».

En el debate del martes con Biden, la familia de Trump llegó al lugar del acto con las mascarillas puestas, pero se las quitaron cuando se colocaron en las sillas que tenían asignadas. Un miembro de la organización les recordó que eran necesarias. No le hicieron caso. Su esposa, Melania Trump, también ha dado positivo.

Hace una semana, el sábado 26 de septiembre, la Casa Blanca organizó un acto para 150 invitados con el que presentar a la candidata de Trump para formar parte del Tribunal Supremo, la jueza Amy Coney Barrett. Sólo los periodistas y los militares presentes llevaban mascarilla. No había ninguna distancia de seguridad entre los asistentes ni en el jardín ni dentro del edificio. Era un momento de triunfo para el presidente que la pandemia no le iba a arrebatar. Con la candidatura de Barrett, cumplía su promesa de nombrar más jueces ultraconservadores para el Supremo, uno de los argumentos con los que espera alcanzar la reelección.

No es posible saber si Trump se contagió en ese acto. Entre el domingo y el lunes, visitó cinco estados en los que se relacionó con muchísima gente. Lo que sí es seguro es que varios de los asistentes han confirmado en las últimas 48 horas que son positivos, entre ellos dos senadores republicanos que se sentaron en las primeras filas. Otra infectada es Kellyanne Conway, asesora de Trump, a la que se ve en un vídeo acercando la cara a centímetros de la del fiscal general, William Barr. Tres periodistas y un número no especificado de agentes del Servicio Secreto también han dado positivo.

El miércoles por la mañana, una de las asesoras de Trump más cercanas y a la que ve casi todos los días, Hope Hicks, empezó a sentirse mal en un viaje a Minnesota en el que acompañó al presidente a un mitin. El jueves, dio positivo. La Casa Blanca mantuvo en secreto la noticia. En atención a las normas del CDC, Trump debería haber guardado aislamiento o al menos no haber salido de la Casa Blanca. Lo que hizo fue desplazarse ese día a New Jersey para un acto de recaudación de fondos de su campaña.

Casi ninguno de los asistentes llevaba mascarilla. Trump tampoco. «El final de la pandemia está a la vista», dijo en un discurso. Un día después del acto, ya estaba enfermo y en tal mal estado que fue hospitalizado en el Centro Médico Walter Reed, un hospital militar cercano a la Casa Blanca. Antes de subirse al helicóptero, recibió oxígeno, según The New York Times y Associated Press, por sus evidentes problemas respiratorios.

Demasiado tarde para cambiar de opinión sobre la ciencia y en concreto sobre las mascarillas.

 

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Donald Trump y Melania, positivo por coronavirus

Que la actualidad es una sucesión infinita de chistes, sobre todo negros, no es descubrirles la pólvora. Hoy se lee que Donald Trump y Melania han dado positivo por covid-19 y ya están en cuarentena.

Así es esto del choteo gráfico, a veces se hacen viñetas y meses después se cumplen por efecto de una caprichosa carambola, aunque es de justicia decir que ese mismo chiste, en distintas versiones, ya se había dibujado antes y después de que Trump negara el coronavirus.

No han faltado los que dudan y dejan caer que podría tratarse de una noticia falsa como estrategia para… lo que sea. La verdad es que, a efectos de lo de chistear, importa bien poco.

Es una ocasión perfecta para recordar cualquiera de las muchas paletadas que soltó Trump hace apenas seis meses, cuando la gente cascaba a chorros. Como aquella de abril sobre la cosa de inyectar desinfectante al personal o esta otra típica cabronía ultrafascimierderneoliberal del pasado marzo.

 

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Proponen a Putin para el premio Nobel de la Paz de 2021

Galardón al que también aspira el presidente de Estados Unidos, Donald Trump

El presidente ruso, Vladimir Putin, ha sido propuesto para el Premio Nobel de la Paz de 2021, galardón al que también aspira el mandatario estadounidense, Donald Trump, anunció este jueves el escritor Serguéi Komkov.

“Nuestro aspirante es el número uno. La propuesta fue enviada el 9 de septiembre y el 10 ya había sido recibida por el comité Nobel en Oslo”, dijo Komkov en una rueda de prensa en la agencia Rosbalt.

Komkov, director de la revista “President”, explicó que sólo después de su propuesta un parlamentario noruego propuso conceder el premio a Trump por su apoyo al acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos.

En cuanto al motivo de su iniciativa, el escritor, que es apoderado del jefe del Kremlin, explicó que es apoyada por las principales personalidades de la cultura y la ciencia rusas.

“Como dirigente de uno de los principales países del mundo (Rusia), él hace el máximo esfuerzo en mantener la paz y la tranquilidad no sólo en el territorio de su propio país, sino que contribuye activamente al arreglo pacífico de los conflictos que surgen en el planeta”, señala la carta enviada por Komkov.

Destaca que durante la pandemia de COVID-19 ordenó el envío de ayuda humanitaria a casi una treintena de países, incluido EU, China, Venezuela, Italia e Irán.

Además, precisa que Putin demostró su apego a los valores humanitarios y religiosos al incluir la palabra “Dios” en la Constitución rusa, enmienda que fue aprobada por los rusos en referéndum el pasado 1 de julio.

Al respecto, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló que si Putin recibe el Nobel, “fantástico”, pero si no se produce, “no pasa nada”.

Putin ya fue propuesto al premio Nobel de la Paz en 2014 por presentar un plan para desmantelar el arsenal químico sirio y evitar así una intervención militar occidental.

Entonces, los activistas de derechos humanos rusos rechazaron categóricamente esa posibilidad, aduciendo que Putin había comenzado su Presidencia en 2000 con la segunda guerra chechena.

Hasta ahora, sólo dos rusos han obtenido el Nobel de la Paz, el científico y disidente Andréi Sájarov, y el último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, quien tendría derecho a promover la candidatura de Putin, pero difícilmente lo hará, ya que ha criticado su gestión, entre otras cosas, por la involución democrática vivida por Rusia en los últimos años.

 

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Dólar sube por quinta jornada seguida, hasta 22.95 pesos

El dólar se fortalece ante el repunte de casos de COVID-19 que ha planteado la posibilidad de otra ronda de cierres.

El dólar sube por quinta jornada consecutiva y de nuevo rasguña los 23 pesos, ante la nueva ola de contagios de COVID-19 y luego de que integrantes de la Reserva Federal (Fed) advirtieron sobre la necesidad de mayor estímulo fiscal para mantener la recuperación económica.

Tras subir 1.68 unidades durante las últimas cinco sesiones, la divisa se vende esta mañana en 22.95 pesos en ventanillas de CitiBanamex, el precio más alto desde el 4 de agosto, cuando se ofrecía en más de 23 unidades.

El dólar se fortalece ante el repunte de casos de COVID-19 que ha planteado la posibilidad de otra ronda de cierres y después de que varios miembros de la Fed advirtieron sobre la necesidad de mayor estímulo fiscal para mantener la recuperación económica, de acuerdo con analistas de Banorte.

Los mercados reaccionan con cautela, pues es probable que durante octubre sigan elevándose los nuevos casos del virus, al mismo tiempo que la atención está puesta en las elecciones en Estados Unidos cuyo desenlace es incierto y se han politizado varias cosas, desde la aprobación de estímulos fiscales hasta la autorización de una vacuna contra el COVID-19, explica Gabriela Siller, economista en jefe de banco Base.

  • El dólar escala a 22.44 pesos; su nivel más alto en cuatro semanas

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que puede anular cualquier restricción que la Administración de Alimentos y Medicamentos emita en torno a la autorización de la vacuna.

 

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Son 2 voluntarias las que han tenido padecimientos neurológicos durante ensayos de vacuna de AstraZeneca

El diario The New York Times indicó que son dos mujeres las que han tenido “enfermedades neurológicas graves” luego de recibir las dosis de prueba en Gran Bretaña.

Son dos voluntarias las que han tenido “enfermedades neurológicas graves” luego de recibir las dosis de prueba de la vacuna contra COVID-19 que desarrollan AstraZeneca y la Universidad de Oxford en Gran Bretaña, de acuerdo con un reporte del diario The New York Times.

El medio señala que se trata de dos mujeres. Hasta ahora no se pueda confirmar que dichos padecimientos hayan sido resultado de recibir la vacuna de prueba, no se ha informado sobre un estudio que lo corrobore, aunque según el reporte ambas presentaron la misma enfermedad.

“Los expertos han estado particularmente preocupados por los ensayos de vacunas de AstraZeneca, que comenzaron en abril en Gran Bretaña, debido a la negativa de la compañía a proporcionar detalles sobre enfermedades neurológicas graves en dos participantes, ambas mujeres, que recibieron su vacuna experimental en Gran Bretaña”, indicó el diario.

“Esos casos llevaron a la empresa a detener sus pruebas dos veces, la segunda vez a principios de este mes. Los estudios se han reanudado en Gran Bretaña, Brasil, India y Sudáfrica, pero todavía están en pausa en Estados Unidos. Hasta ahora, unas 18,000 personas en todo el mundo han recibido la vacuna de AstraZeneca”, agregó en un artículo firmado por Denise GradyKatherine J. Wu y  

Según el artículo del medio estadounidense, AstraZeneca no había confirmado el diagnóstico de la segunda paciente con un padecimiento durante las pruebas, aunque una persona familiarizada con la situación, bajo condición de anonimato, dijo que la enfermedad había sido identificada como mielitis transversa, la misma que tuvo otra voluntaria.

A principios de este mes se conoció por primera vez que AstraZeneca había interrumpido “voluntariamente” las pruebas de la vacuna que está elaborando junto a la universidad de Oxford, después de detectar que uno de los voluntarios había desarrollado una enfermedad “inexplicada”.

Luego, el 12 de septiembre, indicó que  había recibido la autorización de las autoridades británicas para reanudar las pruebas, asegurando que estas eran seguras.

En agosto pasado se anunció que México y Argentina participarían en la producción y distribución en la región de la vacuna de AstraZeneca y Oxford, lo que fue celebrado por el presidente Andrés Manuel López Obrador como una “buena noticia para el pueblo de México”, donde han fallecido más de 73 mil personas por coronavirus.

 

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EU podría tener vacuna contra COVID-19 “en semanas”: Trump

Declara que aceleró el proceso de la la Administración de Alimentos y Fármacos, por lo que se podría tener la vacuna en cuatro u ocho semanas.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este martes que podría aprobar una vacuna contra el COVID-19 “en cuestión de semanas”, pese a las advertencias sobre el peligro de acelerar los procesos en un asunto como este.

“No lo estoy haciendo por razones políticas, quiero la vacuna rápido”, dijo Trum en una entrevista con la cadena de televisión Fox, su medio favorito, en referencia a las elecciones del próximo 3 de noviembre, en las que aspira a la reelección.

Sin la operación “Warp Speed” (velocidad de la luz), la iniciativa del Gobierno de EU para acelerar la investigación de un remedio contra el coronavirus, “no tendrías una vacuna durante años”, aseveró el gobernante.

Aceleré el proceso con la FDA (la Administración de Alimentos y Fármacos). Vamos a tener una vacuna en cuestión de semanas, podrían ser cuatro semanas, podrían ser ocho semanas. Tenemos muchas compañías excelentes”, declaró Trump.

Tanto su rival demócrata, Joe Biden, como la compañera de fórmula de este, la candidata a la Vicepresidencia Kamala Harris, han aludido al peligro que supone para la seguridad sanitaria el proceso acelerado y la presión política de Trump para lograr una vacuna.

  • Rusia inicia la entrega “piloto” de su vacuna

“No me fiaría sólo de la palabra de Trump”, apuntó Kamala Harris en unas declaraciones a comienzos de mes sobre una vacuna que se aprobara antes de las elecciones, mientras que Biden ha asegurado que antes de vacunarse le gustaría escuchar “lo que dicen los científicos”.

El principal alergólogo del país, el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, ha insistido en que para finales de año o principios de 2021 es posible que se haya logrado una vacuna segura y efectiva contra el COVID-19.

Trump aseguró en la entrevista que Estados Unidos se encuentra ahora en una mejor posición respecto al coronavirus que a principios de este año y aseguró que el país “está dando la vuelta a la pandemia”.

Estados Unidos, el país más golpeado por la pandemia, ha superado los seis millones y medio de casos confirmados de COVID-19, con un ritmo de aumento de unos 35 mil nuevos casos diarios, y las muertes ascienden a 194 mil 547, según el recuento independiente de la Universidad Johns Hopkins.

  • AstraZeneca reanuda pruebas de vacuna contra coronavirus

Trump también volvió a defender el haber desestimado públicamente la gravedad del coronavirus en una serie de entrevistas con el periodista Bob Woodward cuando ya sabía del enorme peligro que suponía la enfermedad.

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Trump contra el US Postal Service

Con la epidemia de coronavirus aún fuera de control en Estados Unidos, muchos observadores andan preocupados del riesgo que puede representar para muchos votantes acudir a las urnas en noviembre. El riesgo de contagio no es trivial; en algunas votaciones de primarias hechas durante la pandemia hemos visto nuevos brotes. En las presidenciales, con mucha mayor participación, el problema podría ser aún mayor.

La solución a estos temores es el voto por correo, algo con una larga tradición en muchas regiones del país, especialmente en el oeste. En varios estados (Washington, Oregón, Utah y Colorado) todo el mundo vota por correo por defecto (hay la opción de ir a votar en persona, pero se usa poco); en muchos otros es posible pedir el voto por correo sin motivo o justificación, y un porcentaje considerable del electorado aprovecha esta opción.

Con la pandemia, los estados donde el voto por correo no era habitual han adoptado medidas a todo correr para facilitar esta opción. Connecticut, sin ir más lejos, ha añadido “temor a COVID” como una de las justificaciones válidas para pedir voto por correo, e incluso ha recurrido a enviar la solicitud a todo el mundo de forma automática (la solicitud para pedir la papeleta, que luego te envían – Dios nos libre de hacer algo de manera sencilla en este bendito estado). Se estima que hasta un 76% de americanos podrán votar por correo en noviembre sin necesidad de justificante alguno, incluyendo todos los battleground states donde se decidirá la presidencia.

Si esto os parece demasiado lógico y razonable para la política americana, no os preocupéis, que ahora sale Trump.

Resulta que Donald Trump está convencido que el voto por correo le perjudicará enormemente en las elecciones presidenciales de noviembre porque, según él, hay muchísimo fraude en el voto por correo (nota: no lo hay en absoluto) así que quiere evitar que los estados lo hagan más fácil. Su administración se ha hartado de llevar reformas en esta dirección a los tribunales estos últimos meses (y ha ganado algunos casos), y se ha negado de forma tajante a incluir fondos para cubrir los costes del voto por correo en ningún plan de estímulo fiscal.

De forma más insidiosa, aprovechando que el US Postal Service (USPS) es una agencia federal, se ha dedicado a sabotear su funcionamiento sistemáticamente, poniendo un amiguito suyo (y donante a su campaña) como Postmaster General (el director de correos, que tiene un título estupendo) para que introduzca “reformas” para “ahorrar dinero”.

En condiciones normales, que un incompetente nombrado por Trump se cargue una agencia federal a la que los republicanos le tienen manía no sería demasiado sospechoso; Trump pone inútiles a dirigir agencias todo el rato. Noticias como que USPS está retirando buzones de correos en estados del oeste sería visto como algo aislado, anecdótico. O el hecho de que USPS ha retirado 671 máquinas de procesar correo de alta capacidad en docenas de ciudades del país lo tomaríamos como otro ejemplo típico de vaciar una agencia antes de privatizarla. Incluso esos memorándums anunciando que se van a prohibir horas extras, reducir la prioridad a varios envíos, y hacer que el correo vaya un poco más lento sería otro favor a FedEx y UPS, pero poco más.

El problema es cuando el USPS está avisando a todos los estados del país que es muy posible que lo del voto por correo no funcione porque no tienen “recursos suficientes” como para que lleguen a tiempo. O cuando Trump dice en voz alta en varias entrevistas que no quiere dar más dinero al USPS y que está cargándose el sistema aposta porque no quiere que la gente vote por correo.

¿Os acordáis cuando hace unos días hablaba sobre esa extraña omisión en la constitución del país del derecho a voto? Bueno, pues aquí tenéis una de sus consecuencias. Tenemos al presidente de los Estados Unidos diciendo de viva voz que no quiere que la gente vote. Literalmente.

Trump, en ruedas de prensa recientes, ha dicho que no se opone a dar más dinero a USPS (y supongo, dejar de darle coces) si los demócratas negocian un estímulo fiscal con él. Por descontado, fue él quien se cargó las negociaciones hace un par de semanas, y ahora ninguna de las dos cámaras del congreso está ni siquiera en Washington en periodo de sesiones. No parece que tenga demasiado interés.

¿Qué opciones tienen los demócratas? Ahora mismo, es complicado decirlo. Para empezar, no es del todo obvio que liarse a martillazos con el USPS perjudique a los demócratas. Las zonas rurales dependen mucho más del voto por correo que las zonas urbanas, al fin y al cabo, y los republicanos pueden perder muchos votos. Segundo, hay un número nada trivial de legisladores republicanos que se han quejado de la politización de algo tan esencial como correos (una agencia que está recogida en la misma constitución) y que le han dicho a Trump que basta de tonterías. Tercero, algunos estados sí recogen el derecho a voto en su constitución, y están pensando en llevar a USPS a los tribunales por tomar medidas injustificadas para restringir el derecho a voto (sobre cómo un tribunal estatal puede juzgar una agencia federal, ni me lo preguntéis – será un caos).

En el fondo, toda esta saga es algo muy típico de la era Trump: la administración intenta tomar medidas discretas para ganar un beneficio político y Trump se carga todo el plan al decirlo en voz alta. Lo más cómico, por supuesto, es que no hay nada que cabree más a las abuelitas del Midwest que el correo funcionando mal, así que encima este sabotaje no estaba ni siquiera bien pensando.

Una nota final. Leeréis en muchos medios conservadores americanos sobre cómo el USPS pierde miles de millones de dólares al año porque la gente “ya no envía cartas”. Eso es falso. Primero, porque el negocio de paquetería del USPS es gigantesco y muy rentable (una de las paranoias de Trump es que está convencido que Amazon gana dinero porque se aprovecha del USPS, pero ese es otro tema), y más en tiempos de pandemia. Segundo, y más importante, el USPS debe mantener reservas para pagar las pensiones de sus empleados durante los próximos 75 años, merced de una ley de la era Bush. Este es un requisito absurdo por completo que no se le exige a ninguna empresa privada o agencia pública que dependa de recursos propios. Los republicanos la aprobaron precisamente para meter al USPS en pérdidas y buscar excusas para privatizarlo parcialmente.

Porque lo de los republicanos jugando a los bolos con agencias federales no es algo nuevo de la era Trump, obviamente.

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Los nuevos focos de la pandemia: discotecas, prostíbulos y gobiernos

Los políticos son los primeros que no creen en las instituciones. O al menos sólo creen en ellas cuando las circunstancias les favorecen. Si no es el caso, ignoran lo que dice la ley, su espíritu y lo que ellos mismos dijeron tiempo atrás. El PP se considera amo y señor del constitucionalismo –con independencia de lo que eso signifique– y ahora se niega a negociar la renovación del Consejo General del Poder Judicial, establecida en la Ley Orgánica del Poder Judicial, a pesar de que está pendiente desde finales de 2018. El PSOE alega ser un gran defensor del municipalismo y ahora no permite que los ayuntamientos gasten su superávit en medidas sociales (como también impuso años atrás el PP). Ciudadanos dice que «el Gobierno se ha lavado las manos de la gestión cotidiana de la pandemia», cuando la gestión de sanidad y educación está en manos de las autonomías. Son ellas quienes deciden cuántos médicos, enfermeras, rastreadores y profesores se contratan, porque además son ellas quienes pagan sus salarios. Y en política, quien paga, manda.

«Nos ha dejado a la buena de Dios», ha dicho Carlos Carrizosa, de Ciudadanos. Una parte de esa crítica no está equivocada. Sólo falla la última palabra. El Gobierno de Pedro Sánchez ha dejado a los españoles «a la buena» de Díaz Ayuso, Feijóo, Torra, Urkullu y otros. Todos ellos fueron elegidos después de elecciones y votaciones de investidura. Tienen la legitimidad y las competencias, pero varios han preferido mirar a Madrid a la espera de que les llegue la inspiración. O quizá cuando el panorama empezó a empeorar en agosto y se vio que el verano iba a terminar mal, llegaron a la conclusión de que no querían cargar con todo el marrón y debían buscar «chivos explicatorios», como decían Les Luthiers.

Lo que es indudable es que Sánchez decidió que agosto sería el mes especial autonómico y pasó a segundo o tercer plano. En primavera la oposición le había incinerado por la gestión de la crisis. El PP terminó votando en contra de las prórrogas del estado de alarma y presumió de que el Gobierno madrileño había derrotado al coronavirus y salvado a España. «Nos tienen rehenes y amordazados», denunció Isabel Díaz Ayuso en mayo. Han aplicado «un 155 sanitario», dijo Quim Torra, también en mayo.

Los ‘rehenes’ salieron de las celdas en verano, cegados por la luz y la responsabilidad. Sánchez les entregó las llaves y les deseó buena suerte. Cogió la maleta y las gafas de sol y se fue de vacaciones. A ver qué tal se os da esto. Si tenéis algún problema, no me llaméis. Voy a tener apagado el móvil. Fernando Simón estará en contacto con vuestra gente.

En los gobiernos de Rodríguez Zapatero, hubo una emergencia sanitaria de la gripe A y otras dos crisis menores. Comparadas con el coronavirus, eran casi una broma, aunque podían tener serias repercusiones económicas. Las competencias también estaban entonces en manos de las autonomías, pero el Ministerio de Sanidad realizó una labor de coordinación que facilitó las cosas. Nada de lo que está ocurriendo ahora tiene precedentes. Esta vez, Sánchez decidió que durante un tiempo otros debían pasar por la máquina de picar carne.

Al ver que los gobiernos que preside en Madrid, Galicia, Andalucía o Castilla y León comenzaban a quemarse, los dirigentes del PP ofrecieron dos respuestas: estaban los que acusaban a Sánchez de estar tirado en la tumbona mientras aumentaban los casos y los que decían que estaba tumbado en la hamaca. Es un partido muy disciplinado en esto del mensaje y no pasa nada si hay que obviar qué institución tiene las competencias. No mencionaron a Díaz Ayuso, que ha estado de vacaciones durante buena parte de agosto (es un derecho para todos los trabajadores y también para los políticos) o haciendo yoga en su despacho, porque no se le ha oído mucho. La hiperactiva Ayuso ha dejado que sus consejeros lleven el peso de la respuesta pública ante la realidad de que Madrid vuelve a encabezar el ranking de casos de coronavirus confirmados. Los malos datos del sur de la capital y de la comunidad han obligado al Gobierno madrileño a recomendar a los ciudadanos que «intenten quedarse en casa en las zonas en las que hay más incidencia de casos». Al mismo tiempo, descarta el confinamiento por zonas.

«Nos consta que la gente no sigue nuestras recomendaciones», se ha quejado el viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero. Mal asunto si la única carta que le queda a un Gobierno es echar la culpa a la gente.

Si todo esto suena a una aparente contradicción, en Moncloa no deberían reírse del mal ajeno, porque puede ser que en septiembre le toque al Gobierno central lanzar mensajes similares.

Esta es la semana en que el Gobierno reanuda su actividad y está por ver cómo afectará a sus relaciones con las CCAA. El martes, hay Consejo de Ministros y se reúne el secretario de Estado de Educación con los viceconsejeros autonómicos. Dos días después, tres ministros se verán con los consejeros de Educación y Sanidad. Díaz Ayuso dará este martes una rueda de prensa con su titular de Educación.

La posición de partida del Ministerio de Educación: ya se acordó en junio que la vuelta al colegio se produjera en las fechas habituales y de forma presencial. Lo que pasa es que, en términos de evolución de la pandemia, junio ya no vale para mucho. Es como si se refirieran a la anterior legislatura. Si el Ministerio insiste en que las clases deben ser presenciales, es muy posible que esté vendiendo una quimera. La única salida viable sería revertir por completo la tendencia en el aumento de los contagios que se está viendo en las últimas semanas. El incremento es evidente en otros países de Europa, pero los datos de España son muchísimo peores. 19.382 nuevos contagios desde el viernes al lunes, 5.992 en Madrid y 3.570 en Catalunya.

Otro aviso de Educación ha sido recordar que se destinó 2.000 millones de euros del fondo Covid para Educación y casi 260 millones para el Plan Educa en Digital. Es decir, gasten el dinero y luego ya hablamos.

El discurso público sobre la pandemia se está viniendo abajo. Tenemos a políticos reclamando a la gente que controle sus relaciones sociales y a muchas personas acusando en redes sociales a los gobiernos de no realizar su labor. Ambos tienen su cuota de razón, aunque en esta competición no hay ganadores si alguien pierde. Las autoridades no están en condiciones de volver al confinamiento total de la primavera –Macron también lo ha descartado en Francia–, porque el impacto económico sería inimaginable y porque ni siquiera están convencidos de que se vaya a respetar como se hizo entonces. Tenemos un déficit evidente de rastreadores en Madrid («en cada área hoy, sólo de la última semana, hay de cientos a miles de positivos a los que no se les ha llamado. No hemos hecho nada con ellos. Hemos perdido el control de la pandemia. Es criminal decir que esto está bajo control», ha dicho una epidemióloga a El País).

 

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Inicia NY reapertura económica tras más de dos meses de cierre

Esta ciudad, que fuera el epicentro de la pandemia de COVID-19, inició la fase uno de reapertura económica este lunes, tras más de dos meses de cierre y restricciones para contener la propagación …

Los negocios minoristas, de construcción y manufactura reabrieron y el transporte público volvió a la vida. El gobernador Andrew Cuomo anunció este lunes que podrán reanudarse las cirugías electivas.

“Los trabajadores de construcción se alinearon para ser tomadas sus temperaturas y poder volver al trabajo. Las luces volvieron a encenderse en algunas tiendas del vecindario y sus puertas se abrieron para recoger (productos) en la acera y en la tienda”, escribió The New York Times.

La Autoridad de Transporte Metropolitano observó un aumento en todo el sistema de pasajeros durante este inicio de semana y también aumentó el tránsito de automóviles en la Gran Manzana, de acuerdo con funcionarios estatales.

“Obviamente hoy es un gran día para la ciudad de Nueva York. Tengo que decir que el sistema se veía limpio, tienen todo bien marcado, la gente llevaba máscaras”, dijo Polly Trottenberg, comisionada del Departamento de Transporte de la urbe en conferencia de prensa esta mañana.

El gobernador Cuomo viajó este lunes en metro para dirigirse a su trabajo en Manhattan, mientras portó una mascarilla. “Los trenes subterráneos están más limpios que nunca en mi vida. Si no fuera seguro, no le pediría a nadie que vaya en el metro”, dijo el mandatario.

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